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En el Lago Atitlán Se Detiene El Mundo

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La magia del lago Atitlán ha inspirado a poetas, enamorado a sus coterráneos y hecho suspirar a millones de turistas. En este lago de Guatemala puedes bañarte en sus aguas templadas por las mañanas, disfrutar de sus increíbles vistas de colinas inclinadas y exuberantes mientras remas tu kayak, y ver como el “Xocomil”, que es un fenómeno que ocurre cuando se produce el choque de los vientos del norte y el oeste, agitan el temperamento del lago por la tarde. 

El lago reposa en un enorme cráter volcánico, producto de una explosión hace millones de años, que fue de tal magnitud, que aún hoy se encuentran restos de ceniza, en lugares tan lejanos como Florida o Ecuador. Ubicado entre las montañas del sudoeste de Guatemala, es un lugar encantador, donde disfrutar la cultura maya de sus pueblos, comprar tejidos tradicionales, artesanías, hamacas o vasijas, al ritmo de la música tradicional que ameniza la calle, mientras se deleita la vista con los conos puntiagudos de los volcanes Atitlán,​ Tolimán y San Pedro, que casi llegan a tocar el cielo con sus más de 3 mil metros de altitud. 

Se puede comenzar su recorrido por Panajachel, localidad donde la fiesta y la parranda forman parte del decorado, pasando a la tranquilidad y paz que de la atmosfera de Santa Cruz la Laguna y San Pedro, lugar más conocido y visitado por los turistas en el Departamento de Sololá. Otro punto imperdible es la Reserva Natural Atitlán, que está ubicada en una antigua plantación de café, recorrida por lindos senderos y un jardín de mariposas.

Esta masa líquida situada a 1560 metros sobre el nivel del mar, es el cuerpo de agua más grande de Guatemala con sus 18 km de longitud. Sus profundidades, que se estiman de hasta 340 metros, lo ubican como el lago más profundo de Centroamérica, siendo un poderoso estimulo para la economía de la zona por sus recursos y sus incontables atractivos turísticos. 

El significado de su nombre, «entre las aguas» deriva del náhuatl, y es entre sus aguas donde millones de turistas se relajan, al extremo de que muchos terminan convirtiendo a los pueblos que lo rodean, en su residencia permanente. 

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